Restaurante Mirador de Abrante, ¡así no!

Restaurante Mirador de Abrante, ¡así no!

  • Viernes, 18 Enero, 2019 - 08:00
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Mucho le queda a Fred. Olsen que aprender si pretende meterse en el negocio de la gastronomía y la restauración dando menús de potaje de berros a los alemanes y demostraciones de silbo gomero con idiomas y, todo ello, yendo a comisión con las empresas de excursiones, mientras que el resto de los clientes aceptan las propuestas de menú como opción a incluir en el pasaje desde la web.


Con decisiones como esta, dilapidan su prestigio de calidad, servicio y su compromiso con la isla colombina por un buen puñado de euros en comisiones y una mayor tarta del pastel.

Atrás quedaron sus propuestas de casas rurales, de villas, o sus propuestas combinadas de calidad con paquetes combinados para las familias. Ahora se apuntan a la moda de la gastronomía de ‘entullo’ y de menús a 12,50€ en los que se maltrata al turista individual que tiene mayor poder adquisitivo, por ir a lo fácil y ganar dinero con el visitante extranjero.

Nos lo habían dicho pero no lo queríamos creer, y menos de una gran compañía de insignia con un vínculo tan fuerte con la isla de La Gomera.

Seguro que habrán logrado hacer rentable un mirador en el que los proyectos anteriores no consiguieron sacarlo del déficit por la falta de educación, ya que ahora los tornos de acceso a las instalaciones están fuera de servicio. Seguro que ahora será rentable y nos alegramos de ello.

Es un lugar que está masificado, pues nos encontramos con cuatro o cinco guaguas diarias de guiris comiendo potaje de berros. Turistas extranjeros que tienen la prioridad absoluta de mesas de grupo con respecto a los 25 visitantes particulares que se encontraban en el lugar. Visitantes que tuvieron que ser testigos y sufrir el ruido del desembarco, así como la posterior estampida en la sala para comer, además de los silbidos del eco. Incluso, nos encontramos con la situación de que el chofer de una de las guaguas ayudaba a recoger las mesas.

Tardaron 40 minutos para el montaje de las mesas y entrara el siguiente grupo, sin contar los que pasaron antes de nosotros llegar, ni los que pasaron después. Supongo que si el menú no estuviera pagado esas 25 personas particulares no hubieran esperado y se hubieran marchado. Pero tras las curvas del desplazamiento por carretera, lo escarpado y lo estrecho, se lo toman con muchísima filosofía.

Las vistas, claro que merecen la pena, pero no la espera y mucho menos el maltrato al turista nacional o residente canario.

Apostamos por la calidad del destino, por el trato amable y luego nos encontramos con estos ejemplos que ratifican lo fuerte que somos como destino turístico y, que aun maltratándolos, la gente acude en masa. ¡Hay mucho que reflexionar!

Y, después de toda esa odisea, logramos que el camarero nos sentara en una mesa, resignado y contento por tener trabajo, aunque el estrés lo delatara. Sin embargo, nos dejó las cartas y desapareció a apagar fuego con los alemanes. Al regresar, nos comentó que eso es todos los días así y que está contento de que dejen el dinero en la isla, entendiendo que nosotros éramos conscientes que eso era lo positivo y que esperar para comer con un menú cautivo más de 40 minutos era lo lógico. Está claro que tienen la filosofía de que los que traen la riqueza son las guaguas de turistas y no nosotros.

Nos decantamos por la ensaladilla rusa y los tomates aliñados, los chipirones y el solomillo, además de una tarta de tres chocolates y la lecha asada.

Me da mucha pena tener que contar que, pese a los mimbres y la materia prima de los productos, al personal y la profesionalidad de los trabajadores, a las maravillosas vistas del lugar y a la calidad de las instalaciones, la experiencia fue lamentable.

La ensaladilla rusa parecía, pese a la cuidada presentación, una fiesta de perdigones duros; los tomates aliñados y el aguacate eran en trozos enormes; los chipirones congelados eran ‘multi elásticos’; el solomillo de cerdo medio hecho estaba vivo, sangrante y tenía plástico; la tarta de tres chocolates no era fresca y, eso sí, la leche asada sí tenía Miel de Palma. Además, dudaron en traernos la segunda botella de agua fría, por ser dos menús lo contratado y no haberla solicitado inicialmente para que no se calentara por el calor reinante en el ambiente, por si hubiera que pagarla como extra fuera del menú. ¡Literal lo que les cuento!

Se preguntarán por qué de esta letanía interminable y, la verdad, siendo justos, tenemos la esperanza de que puedan mejorar y que todo haya sido producto de un día tonto. Realmente, le harían un gran favor a La Gomera.

Lo que pasa es que, tras nuestra lamentable experiencia, hemos comentado en nuestro círculo y ya es un secreto a voces que es tónica habitual el que todos los días sean así.

Tomamos la decisión de publicarlo para que los responsables tomen las medidas oportunas para corregirlo, está en nosotros ser críticos y comunicar los errores y deficiencias para mejorar. Eso sí, no todo vale por ofrecerle la mejor atención a los turistas que nos visitan. Volveremos muy pronto y esperemos poder comprobar que las cosas se hacen bien.

Ofrecemos las siguientes propuestas:

  1. Cerrar el restaurante al público y dejarlo solo para los guiris y celebraciones, así el personal no estará sobre saturado y podrá dar lo mejor de sí.
  2. Dejar de ofertar los menús incluidos en el paquete de viaje de la web de la compañía a los ilusos turistas para que no sean presa de los menús cautivos.

 

 

 

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