El vino del rio de Adegas Alguiera

El vino del rio de Adegas Alguiera

  • Sábado, 18 Abril, 2020 - 08:00
  • Rasa Strankauskaite
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Hoy les quiero trasladar los viñedos inclinados que sobrecogen el corazón cada vez que recuerdo las riberas de los ríos Miño y Sil. Da mucho vértigo el paisaje cuando levantas la cabeza para observar el cultivo de viñas con recios muros de piedras.
 
En Ribeira Sacra se mantiene en el tiempo la viticultura ancestral a pesar del esfuerzo necesario para embotellar los vinos. Es la zona de suelos pobres como la dieta de los monjes de tantas ermitas y monasterios, de microclimas tan variados que cambian incluso en la misma orilla. La viticultura de montaña es caprichosa; en cada ladera hay una riqueza de microclima y eso determina la altura a que se cultiva cada variedad de uva. Hay viñedos viejos pero no hay el conocimiento recogido de experiencia en distintos parajes. En Rivoyra Sacrata la tradición vinícola es antigua, ya los romanos bebían los vinos de Amandi y los exportaban a Roma juntamente con la lamprea. Pero en la actualidad la evolución de muchos viñadores ha sido a base de errores. Allí no se puede crecer rápido, ni aumentar la producción de litros, ni plantar las variedades donde te apetezca, hay que observar las uvas que se dan y las que no. Plantar equivocadas variedades en la ladera cálida, en suelos no adecuados y tener que arrancar tanto trabajo hecho, para volver hacer de nuevo, exige una enorme paciencia y sobre todo amor. Solamente amando la tierra es posible.
 
¡Otra vez el amor mueve montañas! Han caído imperios por amor, se han perdido guerras, se han abandonado países, se ha dado la vida por amor, por amor se embotellan los maravillosos vinos. Los vinos de una diversidad increíble, muchos distintos perfiles que nacen siguiendo el río. Gracias a la inclinación de las pendientes, es posible encontrar en el mismo punto del río dos laderas enfrentadas, con orientaciones opuestas. Dos temperaturas diferentes, dos climas diferentes, dos lados: uno de clima mediterráneo y el otro de la vegetación más oscura, el otro lado más atlántico. Ponerse en algún punto y observar esto, te sitúa… entiendes las orientaciones y entiendes porque mueven la viña con lo difícil es sin ninguna mecanización posible. Se ha calculado que en estas condiciones al año por hectárea son 1400 horas de trabajo. A lo largo del curso del río estas orientaciones varían cubriendo todos los puntos cardinales y eso permite diferentes perfiles de los vinos. Hay añadas donde el terruño manda más que variedad, con estos maravillosos vinos- río se nota muchísimo en las catas verticales te das cuenta que son los caprichos de Universo contra todo pronóstico, los vinos de diversidad diversa.

Para catar un vino con vosotros iba describir a uno que me hace mirar para atrás, un vino nostálgico. Se llama El Pecado de Finca Capeliños, de unas viñas viejas de más de 100 años. Tiene una  bonita historia familiar de abuelo de Pedro Rodríguez y además tiene detrás un genio, el que respeta la personalidad del lugar, el que colabora con unos 50 proyectos vitivinícolas. Casi nada, hablo del mejor enólogo de calibre mundial Raúl Pérez. El hombre barbudo que ha ayudado a tantas bodegas a crecer en calidad y no en cantidad, un hombre que observa los pájaros para saber dónde está la mejor uva.

Pero les quiero sugerir otro vino Cortezada 2016 que embotella Adegas Alguiera.
 
 
El vino del rio de Adegas Alguiera
 

Por la simple razón de la situación que vivimos. Este vino en Canarias lo distribuye Vinofilos y tiene la opción de llevartelos a casa. La bodega es una empresa familiar que comenzó en 1980 con Fernando y su esposa Ana. Empezaron con pocas viñas y en 1998 crearon una gran bodega apostando por el proyecto comprando viñedos y aumentando la gama con diferentes vinos Hoy en día ya es una galardonada bodega internacional, el hijo también trabaja con ellos y es un importante punto para el enoturismo en Galicia. Raúl Pérez igualmente nombrado en la bodega Alguiera cuando nos sentamos a catar los vinos. Él también ayudó a Fernando en sus principios con sus primeros vinos. Pensé, qué bonito que le recuerda con tanto cariño. No es fácil trabajar con Raúl, él no sigue las recetas, sale de todo lo razonable pero enseña a dejarse llevar por la naturaleza y la intuición. Enseño a muchos bodegueros las virtudes de elaboración con raspón, si aprendes no romper aumentas la acidez, el contenido de taninos, la tensión que da vida al vino. Decía Fernando que Raúl es la bondad infinita, un visionario sencillo, humano, carismático y gran amigo de los amigos.

Lo primero al sentarse en la bodega, probar el agua más rica del mundo, era el agua de cuarzo, blanda, suave, irresistible. ¡Lo que daría por volver a disfrutar de aquella suavidad fluida!

Y seguido iban apareciendo piedras sobre la mesa, pizarras, cuarzos y una fusión de ambas, gneis que chocaba una con otra y aparecía el aroma a pólvora, a cerilla apagada. Nos decía que esto lo vamos  encontrando en los distintos vinos de estos suelos pero necesitamos guardar las botellas, necesitan el tiempo en la botella. Pizarras negras llamadas ojo de sapo eran verticales en la zona y nos explicó que no permiten la perforación en el suelo a las raíces.

Me encantó el homenaje en vida a su mujer, el vino Ana Delia de la variedad treixadura 100% de largo recorrido. Ella apoyó a su marido desde el principio y él decía que los homenajes hay que dar en vida. Escalada 2015 de godello sabían a piedras de cuarzo al sol, las diversas mencias llenas de tensión con minerales a flor, fragante merenzao de añada calidad de 2014.

Pero el que más me sorprendió era el vino de las laderas de Cortezada, de pendientes de 85% con los suelos formados por cuarzo y gneis, que proporcionan mayor frescura y ligereza a las variedades blancas plantadas en estas laderas.
 
 
El vino del rio de Adegas Alguiera
 

El vino de tres variedades de uva: godello que aporta la estructura, albariño que da más acidez y treixadura con aromas a flores y frescura. Permite vibrar con el paisaje embotellado.

Una nariz casi hipnótica de perfumes entremezclados de frutas blancas, flores y piedras. En boca una claridad de intención, quiere y consigue seducir, sorprende como las orillas del río Sil en función de la orientación. Cambiante, desnudo y deslumbra con un paso sedoso con volumen, una acidez prodigiosa. Me recuerda la dulzura de los besos en una cálida ladera, un momento de miradas cómplices. De una copa para dos y de todo es posible.
 
 

 

 

 

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