Cebreros, vinos de montaña donde prima el terruño

Cebreros, vinos de montaña donde prima el terruño

  • Domingo, 23 Junio, 2019 - 08:00
  • Rasa Strankauskaite
  • Reportaje
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A pesar de que no es mi trabajo escribir quiero contarles mi viaje a Cebreros. En estos años de experiencia tengo comprobado que una sumiller que comunica vende mucho más y mi trabajo es vender vinos y las experiencias con vinos en la vinoteca ubicada dentro La Laguna Gran Hotel, en Tenerife.

Me pareció muy interesante descubrir esta zona vitivinícola de 150 hectáreas de viñas entre 500 y 1.100 metros sobre el nivel del mar, donde la reina desde siempre es la garnacha, una variedad de uva muy popular, aunque algo infra valorada. Es vigorosa, resistente a la sequía pero se dice que hay que estar encima de ella en el campo porque es sensible al mildiu y la botritis.

En general de garnachas salen vinos ricos en alcohol, muy aromáticos y de tanino jugoso pero a mí me gustan las garnachas en suelos poco productivos, donde sale toda su nobleza como en los vinos del Priorat, de La Rioja, del sur de Francia y los vinos de Sierra de Gredos.

Llegamos a una bodega joven Sotomanrique en un viejo edificio donde se elabora el vino desde 1954. Me invitaron a pasar un día descubriendo los nuevos viñedos adquiridos para embotellar cada paraje por separado.

La cuestión que más me seduce es que en la DOP Cebreros no se recogen los términos asociados a su estancia en la barrica y botella que todos conocemos tan bien. No se ponen en las etiquetas crianza o gran reserva y se valora más el terruño que la elaboración. En la comarca están clasificando los vinos según la mente borgoñona: de pueblo, parcela, viñas.

Los vinos amparados por DOP Cebreros pueden utilizar menciones según el vino que buscan, si es de una parcela con su propio carácter así aparece en la botella especificado y no de un municipio entero. Embotellando por separado cada terruño en los vinos de parajes quieren conseguir expresar el carácter de cada viña. Sin duda la bodega está viviendo un momento emocionante de trabajo intenso para clasificar todo.

La zona tiene interesantes antecedentes históricos, eran los vinos preferidos de la Corte pero sobre eso tendrán que leer en los libros. En las conversaciones con Jesús María Soto Esteban (Chuchi para los amigos) sobre muchas cosas como los corchos Diam, sobre los suelos vivos salió el tema sobre otros productores de la comarca y el buen trabajo de ellos. Hoy en día elaboran muchos vinos famosos bodegueros como Daniel Ramos, Rubén Díaz o el pionero Telmo Rodríguez entre otros y eso les aporta más motivación para el crecimiento. Qué bonita es la sensación cuando uno presume de los compañeros de viaje. Una zona es grande cuando hay muchos vinos impactantes juntos.

Dentro de una antigua cooperativa de Santiago Apóstol la bodega elabora tres líneas de vinos. El histórico vino ‘El Galayo’ que se nombra como lo único destacable en lo típico de vino de Cebreros en el “Manual de vinos españoles” de José Peñin de 1984. El vino de toda la vida, es un orgullo para los socios que les recuerda que han mantenido la tradición. Después de tantos años siguen embotellando bajo el mismo nombre con una etiqueta actual, además creciendo con viento en popa en las ventas decía Chuchi. La venta en Despacho de 42.000 botellas anuales.

La segunda marca es “La Transición” dedicada de pasar de vinos de granel a la botella a un precio muy competitivo que permite mejorar el precio de uva por kilo y con ello no se abandonan los viñedos. La tercera línea son los vinos de bodega Soto Manrique: Naranjas Azules, La Viña de Ayer, Tinita, y los dos últimos de la añada 2017 Camino de La Cruz Verde y Las Violetas.

No le debe ser fácil a Chuchi Soto llevar una Sociedad Agraria de Viticultores con 250 viticultores y tantos vinos distintos. Pero el hombre tiene agallas y fuerza, se le nota mucha ilusión. Lo primero hubo que subir el precio por la uva. Y lo han hecho. Chuchi cuenta con amplia experiencia en el mundo del vino y un entusiasmo que ya le ha llevado adquirir 20 hectáreas propias. Tuvo claro que el camino es comprar los viñedos en diferentes alturas para embotellar parajes y buscar un equipo. Para crecer cuenta con una gran aliada, una joven enóloga Bárbara Requejo que gobierna en la bodega y en el campo. Ella es la responsable de expresar en la botella diferentes parajes y para eso ha dejado Valladolid para trabajar en el campo cada día con un equipo. En la mirada de orgullo de Chuchi hacia Bárbara se delata la complicidad y a pesar que todavía todo está por hacer, es el principio de los nuevos vinos. En el aire se presiente, se respira un futuro lleno de copas de vida, de garnachas vivas y fluidas, de albillos concentrados, de sabores a una tierra que me sorprendió tanto. ¡Vaya y vaya con vinos de montaña!

Cebreros pertenece a la provincia de Ávila con un paisaje agreste de una topografía más mediterránea que continental. Una comarca dentro del macizo de Gredos entre dos ríos con 299 parcelas inscritas, unas parcelas pequeñas de viñas en suelos mayoritariamente de textura arenosa, parda, mediterránea, sobre granito con relieve ondulado.

El primer viñedo que visitamos me pareció un sueño de cualquier monje agrario de Scala Dei. Subiendo a la cima de Arrebatacapas se encuentra Alto de La Estrella, una pendiente de pura pizarra y cuarzo a 1.100 metros de altura con preciosas garnachas en vaso bien aireadas. Es el viñedo más alto de la comarca con viñas plantadas en 1961 con muros de piedra como si se tratara de un Clos en Borgoña. No me extraña que empezáramos a conocer desde aquí, por un lugar tan especial donde se cruzan los vientos, para sentir las poderosas corrientes de aire. Es un anfiteatro para entender la gran variedad de microclimas y suelos que hay en la zona, los terrenos sueltos y los más compactos. Desde este precioso viñedo plantado en tresbolillo de pie bajo, un marco de plantación que permite trabajar más fácil las diagonales del viñedo, se entiende todo mejor. Se ven de maravilla otras viñas señaladas que han adquirido, como de distinta es la misma variedad de uva en distintos suelos, se explica la importancia de embotellar por separado y no como el vino de municipio. Aquí sentimos los pasos que están marcando en este momento.

El primer vino de esta parcela ya probamos de los fudres y se muestra con personalidad mineral, con frescura pero de trago largo, estaba equilibrado a su manera. En la copa se nota la piedra que sufre el frio y el calor, se nota la cara fina de garnacha en suelo pobre.

Bajando encontramos el paisaje típico de la comarca de viñas entre montañas, de lugares en la tierra de difícil trabajar, de suelos de granito rodeados de bosques de pinos, encinas, enebros. Llegamos a las laderas del Galayo donde nace La Mira y aquí Bárbara nos explica cómo garnacha tiene la cualidad de expresar de forma clara el clima, el suelo, la altitud. El vino es transmisor de lo que ocurre cada año. El vino de La Mira en la bodega me pareció muy caótico, vibrante, humano, probamos el mismo vino que sigue en una barrica y en un fudre grande y nuestro amigo Juancho nos habló sobre la diferencia de los taninos más breves y los más largos de fudres.

Tercer paraje era Las Loberas bajando hacia la torre de vigilancia de incendios por un camino agreste un bellísimo viñedo de garnachas, albillos, listan prieto entre piedras de granito rosa. No aguantamos caminar por las viñas sin sentir la textura arenosa parda mediterránea en los pies y nos quitamos los zapatos. Una sensación inexpresable, de calidez y de ternura. Una tierra de abrazos cálidos y mucha magia. Es la parcela más baja adquirida por la bodega pero muy especial donde nace El vino Las Loberas 2018. Chuchi decía que el vino no se muestra como lo es, incluso Juancho ha sugerido servir de tres maneras distintas pero nos pareció un vino salvaje de un paraje digno de un pecado. Y hemos pecado, abrimos la primera añada de El Pecado de Raúl Pérez sentados cerca de una cepa de Listán Prieto, era uno de esos vinos que con paso cremoso inunda las papilas para siempre. Inolvidable. Entre las anécdotas de nuestras vidas brindamos por el porvenir de los nuevos vinos de la bodega.

Cebreros tiene muchos proyectos que impulsan la zona y tiene muchos vinos con sus peculiaridades incluso tiene el mercado madrileño.

Agradezco a Chuchi por la invitación de descubrir esos vinos fluidos, delicados y largos a la vez, expresivos. Son vinos que es un reflejo como la garnacha es una variedad que se deja seducir por los suelos. Refleja cada zona, cada suelo, cada piedra.

 

 

 

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