‘Piedra Jurada’: Por encima del Mar de Nubes

Reportaje | Lunes, 27 Abril, 2015 - 22:00 | Rasa Strankauskaite ( @RasaPuraVida ) |

 
Hoy catamos un vino de La Palma, la Isla Bonita que amo por miles de razones: Por su forma, como los racimos de la Malvasía que bajo el cielo azul dormita y el sonido de agua los mece; amo esa tierra desde que la he pisado descalza por su color verde intenso y arenas negras, por sus gentes amables, por ese escaldón compartido en San Andrés, por sus almendrados, sus gotas dulcitas de vinos que te permiten probar el sol, aquellos que iluminan los sueños.
 
En esta isla de pronunciadas pendientes, en Garafía, se encuentra una pequeña explotación vitivinícola, Bodegas Perdomo. Un negocio familiar con la filosofía de expresar lo máximo de la tierra en sus vinos. La bodega elabora los vinos de sus propias parcelas, situadas a 1.200 metros sobre el nivel del mar, por encima del ‘mar de nubes’. Se trabaja la tierra, unas 4.323 hectáreras, cuidándola con el máximo respeto por el medio ambiente, sin hacer daño al mundo, sin erosión en el suelo y como abono, el propio sarmiento.
 
Las viñas reconvertidas en espaldera -para facilitar las labores del campo y recibir así más horas del sol- alargan su vida y así, a la vez, mantienen la tradición y las raíces de anteriores generaciones, con viñas casi centenarias, viñas supervivientes supervisadas día a día por los hombres de la familia.
 
Increíble me parece la historia de la bodega y de sus vinos teniendo en cuenta que, hace unos  años, en algunas se prohibía la entrada a las mujeres. Actualmente, dos hermanas jóvenes son las encargadas de esta bodega, de la elaboración de los vinos y de la administración de la instalación mientras dos hermanos -de la anterior generación (el padre de Patricia y su tío)- atienden las labores del campo y de las viñas.
 
La joven Patricia Perdomo Hernández vive enamorada de sus viñas y consigue embotellar la verdad a pedazos. Es decir, la máxima expresión de las variedades cultivadas en las parcelas cerca de un molino de viento en Las Tricias, por los caminos hacia el bosque de Dragos. De esas viñas mimadas en suelos ricos rodeadas de pinos y manzanos ella consigue los vinos que expresan su naturaleza. Al escucharla, al rato, se le nota el compromiso de mantener la historia de su abuelo “Viejo Perdomo", que ponía la botella de vino en el agujero de esa mágica piedra jurada donde el caldo se mantenía siempre fresco y nunca faltaban amigos para compartirlo.
 
Ella tiene claro que seguirá trabajando la tierra de la familia. Es una joven enóloga con carácter, siente la vibración del vino haciéndose, toca el mosto para sentirlo, cambia los pasos, no lo elabora con fórmulas estrictas ni añadiendo ciertos mejorantes. Los vinos de la bodega que catamos son profundos, de calidad, de frutalidad explícita, de jugosa alegría, un pedazo de naturaleza pura en la copa. 
 
Hoy presentamos la cata de uno de sus vinos, Piedra Jurada Blanco Seco 2014, el que más se me parece con Patricia y es como ella misma, un todoterreno con miles de labores y, como en todas las empresas familiares, haciendo de todo con unas pocas manos unidas.
 
 
Cata
 
Un vino de precioso amarillo dorado con destellos de oro blanco. Ilumina con su brillo y esa osadía aromática, conmueve su frescura frutal, de nísperos maduros, ciruelas blancas, lichis en almíbar, melocotones jugosos; se entremezcla con especias como el jengibre fresco y cardamomo. Al remover un poco la copa, se impone con un halo a rosas y toque de cítricos; en boca, se presenta con una frescura poderosa y un sinfín de sensaciones: fresco, con volumen, recuerdos de melocotón, gran estructura y acidez viva, intenso como aquellas caricias de miradas profundas, sin palabras que lo dicen todo.
 
Es un vino sabroso, untuoso, un blanco con carácter, potente al tragar que llena la boca con esas sensaciones inmensas como la del mar, sabe a la fuerza del agua que se estrella contra las “piedras juradas". Al cerrar los ojos podemos sentir ese aliento húmedo del océano en cada sorbo con un punto salado, especiado y dulcemente amargo, como la fuerza de aquellas olas blancas que baten en la playa.
 
Maridaje
 
Con esos sabores, esa deliciosa potencia que evoca al mar intenso, a esos momentos salinos que perduran en la boca, dejan huella sápida, limpia el paladar con fuerza como aquella ola que limpia la orilla. Es un vino ideal para muchas recetas complejas de sabores intensos. Pero les sugiero maridar con sashimi o tataki de atún con esas notas de jengibre, wasabi, soja con ensaladita de algas y sésamo.
 
Un vino ideal para los amantes de las olas, para los que soñamos mirando al mar. 
 
 
 
 
 
 
 
S.A.T. Bodegas Perdomo
D.O. Vino de La Palma
Variedad: Albillo Criollo 100% - 12% alc.
Temperatura de servicio: 6°C
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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