Mi paraíso de los vinos, TENERIFE

Opinión | Sábado, 16 Septiembre, 2017 - 08:00 | Rasa Strankauskaite - Sumiller ( @RasaPuraVida ) |

 
Degustación y cata vino canarioSi me preguntas cómo son los vinos de Tenerife, te puedo responder contando mi larga historia entre ellos, que toca el alma, pero es muy personal para ser contada.
 
Para una sumiller, los vinos son afortunados, tremendamente divertidos, arabescos, personales, únicos, singulares de cepas atlánticas luchadoras, de sabores antiguos que enamoran, con apasionante historia de idas y venidas. Y vuelven a ser vinos viajeros.
 
Vinos que resurgieron de sus cenizas como el Ave Fénix; no estaban muertos pero sí poco valorados, destinados para los “magos” del campo a pesar de que tenemos mucha diversidad, tipos para cada momento de la vida, hay donde elegir.
 
La mayoría son vinos: jóvenes, alegres, eufóricos para tomarse en la esquina de la barra, pero hay algunos que llaman a ser gastronómicos, complejos y más profundos. Esos vinos criados con el tiempo, fermentados o criados en barricas, tinas o ánforas, en cemento o arcilla con la paciencia y toda la pasión, elegantes, serenos, auténticos, irresistibles, vestidos con mejores imágenes, sumergidos en preciosas botellas con corchos seleccionados. Jamás imaginados hace tan solo una década.
 
Existen dulces,  aromáticos para meditar y saborear los momentos felices; los que eran musas de muchos escritores y artistas.
 
Tenemos gran diversidad de vinos y de formas de cultivo. La mayoría de los viñedos se atienden sin mecanizar en pequeñas parcelas, como de toda la vida, desde aquel día que portugueses empezaron a plantar la viña en la isla.
 
En una sola isla podemos encontrar varios sistemas de cultivo, como parral bajo o parral alto, donde el hombre se va al monte en búsqueda de horquetas para elevar la vid.
 
A más un turista roban la mirada las horquetas de arbustos amontonadas que esperan el momento de uso y cuenta que todavía se siguen los pasos artesanales.
 
También existen viñas en vaso o aquellas que parecen bailar el tango con pies y brazos entrecruzados, llamado trenzado, es el famoso cordón múltiple de Valle de Orotava.
 
Al ver las viñas en la isla, duele la espalda al imaginar la labor de mujeres y hombres de la zona. Muchos viñedos han sido reconducidos en espaldera, un sistema de conducción más cómodo para las labores del campo, facilitan las podas y vendimias, las viñas reciben más el sol, están más aireadas y así más protegidas de las plagas. Es un sistema menos costoso para las bodegas y alarga la vida de la parra. Pero a pesar de la comodidad se mantiene la tradición, las viñas retorcidas, giradas sobre sí mismas. Sobrecoge ver la viña a rastras, que se encarga de recordar que estamos en la isla más alta de todas, que no necesita tacones para seducir.
 
No es difícil enamorarse del paisaje y sorbos de vinos de sabores singulares, los vinos que saben a maresía y volcán.
Tenerife tiene muchos tesoros por descubrir, tiene unas viñas supervivientes. Les invito a descubrir y pasear entre viñedos esparcidos por toda la isla de diferentes variedades de vid, plantadas en los paisajes áridos del sur o más verdes del norte.
 
En la altura o en la costa más cerca del mar pasear entre las viñas, no es un simple paseo, es una gran aventura para venir a Tenerife.
 
Al momento te das cuenta que estamos en una tierra prometida que tiene todo a favor para volver a triunfar en el mundo entero; tiene los viñedos más altos de Europa y variedades únicas.
 
Afortunados porque a Canarias no llego la terrible plaga devastadora llamada filoxera o si llegó no ha sobrevivido. Por eso lo primero como sumiller, siempre al presentar un vino recuerdo que es único, de sabores antiguos, un vino superviviente.
 
La isla es como el último reducto de ciertas variedades tradicionales. Algunas variedades son autóctonas, otras traídas que aman nuestros suelos fértiles o clones de múltiples variedades, aunque no son de aquí pero son “nuestras”.
 
Sin complejos podemos gritar de alegría que somos una gran reserva de los vinos con personalidad. Es importante presumir del patrimonio de Tenerife, de una gran variedad de vides como verdello, marmajuelo, albillo, vijariego, moscatel, listan blanco, malvasía, listan prieto, listan negro, castellana, baboso, tintilla, negramoll y mucho más. Los microclimas que existen en pocos kilómetros de distancia aportan magia a los vinos.
 
El vino no se hace en bodega, es el reflejo de la tierra, es el paisaje de la tierra que nace, en un vino se perciben llanuras, laderas, montes, calderas, bosques, mar embravecido, vientos alisios y volcanes.
 
Esta bebida más noble de todas, nace en el terruño, de la uva mimada y acariciada por el Sol, mar de nubes y vientos alisios. No hay ríos que influyen, ni monasterios entre viñedos pero sí que una historia que se sigue escribiendo. Las uvas en algunas zonas más que otras reciben spray marino, ese aliento de maresia y volcán que se percibe en cada sorbo de vino. Las producciones son limitadas pero vuelve la fama merecida de estos vinos atlánticos.
 
Hubo tiempos que la malvasía estaba presente en todas las mesas de la aristocracia, venían los barcos a la búsqueda de los vinos llenos de su naturaleza. Y parece que la historia se repite, todo vuelve a suceder.
 
El vino que sigue haciéndose con receta antigua pero con toda la tecnología moderna, esmero de enólogos formados y máxima limpieza. Las bodegas vuelven a abrirse a las fronteras hacia otros países, exportan los vinos y con ello resurgen más vinos auténticos.
 
Ya están presentes en las mejores cartas de grandes restaurantes internacionales y nacionales, cada vez más reconocidos en las revistas especializadas. Son vinos premiados en los concursos junto a las grandes marcas de España, se exportan y lo más importante, cada día veo más que los mismos isleños presumen de sus vinos con orgullo y abren una botella para sentir la isla de contrastes. Faltan en muchísimas cartas de vinos pero, poco a poco, estarán presentes en más.
 
En cada botella está sumergido un pequeño trocito de tierra de tanto potencial vitivinícola, de bodegueros con sacrificio, ilusión, ambición, pasión y magia.
 
Las bodegas han cambiado sus vinos en poco tiempo, en transcurso de unos 10 años han pasado de elaborar unos vinos uniformes y simples, a los vinos afortunados, singulares, a unos vinos que prometen sensaciones, despiertan recuerdos, seducen y despiertan los sentidos a miles de corazones dormidos. El vino también es su gente, su valentía.
 
Desde hace siglos levantaron, piedra a piedra, los bancales para proteger a las plantas más nobles de la tierra, plantaron viñas entre papas y pinos en lugares imposibles, conseguían vinos interesantes, con un punto salado.
 
Viendo los viñedos, siento admiración por su esfuerzo, parecen verdaderos héroes convencidos de sus tesoros y se mantienen fuertes con manos curtidas en el camino, no se cansan de embotellar luchando contra viento y marea, con mucha ilusión, no abandonan el sueño de sus abuelos, padres o el suyo propio.
 
Siguen embotellando en Tenerife con un brillo en los ojos que me confirma que lo mejor está por llegar.
 
Un gran ejemplo es una bodega que acaba de celebrar su 25 aniversario como empresa que embotella vinos bajo D.O. Tacoronte - Acentejo.
 
Hoy les propongo brindar con un vino naturalmente dulce elaborado según los sistemas tradicionales usados antiguamente en la zona. Un vino de malvasía aromática sobremadura lleno de historia, un dulce homenaje de bodegas Domínguez Cuarta Generación a la tierra de Tacoronte, a la historia que empezó Don José Domínguez Ramos, que la siguen sus ocho bisnietos produciendo vinos de sus propias fincas. Ellos conservan el legado, todos los vinos nacen de sus propias uvas, de un esfuerzo de la familia por conservar las variedades prefiloxéricas y el amor por sus tierras.
 
Dominguez - Malvasía Clásico 2009Domínguez Malvasía Clásico 2009 (Naturalmente dulce) - D.O. Tacoronte Acentejo
 
Lleno de calidez de oro viejo, de lágrimas de sol, de sensualidad de jazmín y vainilla, de provocación de yodo y pachuli, de vitalidad de jengibre fresco y pomelo escarchado, de amor de rosa y miel, de carnosidad de pieles de melocotón y membrillo, de amabilidad sedosa textura en la boca y abundante plenitud de sabores del tiempo, de nobleza mágica de malvasía de viñedos de La Punta Hidalgo.
 
Más que un vino son sorbos dulces, cálidos, envolventes, placenteros que confirman que todo en esta vida se consigue con esfuerzo, con cada sorbo puedes sentir una fuente de energía, te hace mirar hacia atrás y a la vez recuerda lo afortunados que somos por haber sentido tanto.
 
Soy una sumiller muy afortunada, igual que mi gente, ellos con su trabajo y dedicación son los que lo hacen posible, me convencen sin palabras y con sus hechos de que vale la pena formar parte de esto.
 
Da gusto disfrutar en primicia de los vinos canarios, que tengan a uno en cuenta para tener el honor de ser de las primeros en ver nacer cada añada el resultado del trabajo y el paso del tiempo por la vid.
 
¡¡Muchas Gracias!!
 

Compartir


Comentarios

CAPTCHA
Esta pregunta se hace para comprobar que es usted es una persona real e impedir el envío automatizado de SPAM.
IMPORTANTE:
 Los comentarios están sujetos a moderación previa y deben cumplir las Normas de Participación:

  1. Los comentarios están sujetos a moderación previa.
  2. No se aceptan comentarios difamatorios, insultantes, contrarios a las leyes o que tengan contenido racista, homófobo o discriminatorio por razón de nacionalidad, sexo, religión, edad o cualquier tipo de discapacidad.
  3. Tampoco se admiten aquellos comentarios con contenidos o enlaces que se consideren publicidad, spam, pornografía o material protegido por derechos de autor.
  4. Gastronomia7Islas.com no se hace responsable del contenido de las opiniones publicadas por los internautas ni tiene por qué coincidir con ellas.
  5. No se mantendrá correspondencia por correo electrónico ni se atenderán visitas o llamadas telefónicas sobre comentarios no publicados en la web.
  6. AVISO LEGAL