¿Propina o propinilla?

Opinión | Jueves, 16 Marzo, 2017 - 08:00 | Antonio Luis Glez. Núñez ( @ALGN73 ) |

 
La definición de propina nos dice que es una “Gratificación o pequeña cantidad generalmente económica que se da voluntariamente para agradecer o recompensar un servicio eventual”.
 
El cliente es el que debe decidir y valorar el importe y si la otorga por los servicios recibidos. En países extranjeros, en los últimos años se ha vuelto algo casi obligatorio en cruceros, servicios y restaurantes. Al ser obligatoria, aunque mantenga el nombre “propina” pierde el carácter para el que fue creada, su concepto y naturaleza.
 
Otra alternativa es el “bote”. La empresa prohíbe las propinas individuales o se acuerda entre todos los empleados de forma que la propina es acumulada y, en fechas señaladas, se procede a su reparto entre todos los empleados, ya sea en especie o en efectivo.
 
La propina como muestra de gratitud es un agasajo, un gesto de agradecimiento por las atenciones que han tenido con nosotros.
 
Según en el país en el que vivamos o al que viajemos, la cultura y las costumbres cambian y, por lo tanto, deberemos conocer los usos y maneras para estar informado de la forma de proceder.
 
Ese acto es totalmente voluntario en España y va más en función del trato, de las atenciones y de la calidad del servicio. Mientras, en países como EEUU o Méjico es una parte obligatoria que aparece, incluso, como un concepto de la factura, está reglado y es como se paga a los trabajadores. Sin embargo, en Japón dar propina resulta de muy mala educación.
 
Muchas son las profesiones y profesionales entre los que está extendida esta práctica por todo el mundo, desde los botones de hotel, el acomodador de teatro, el peluquero, el taxista, hasta los servicios a domicilio, repartidores y el sector de la restauración, donde está ampliamente extendido.
 
Los consumidores, con el ánimo de justificar esta conducta, se decantan por dos argumentos principales: los que entienden que con ello apoyan la economía laboral y ayudan al trabajador y los que estiman que con ello se propicia que los salarios no crezcan y se mantengan precarios. El sector de la restauración necesita una representación patronal que esté a la altura de las circunstancias y sea consciente de la situación económica. Los trabajadores deben tener una implicación y apostar por tener unos representantes sindicales que tengan visión de futuro, sobre todo en Canarias.
 
Según las últimas encuestas publicadas por nacionalidades de importantes plataformas digitales en cuanto a hábitos de consumo, a las que hemos tenido acceso, en aquellos países en los que la economía es más floreciente la costumbre es mayor y son más espléndidos, incluso cuando están de vacaciones fuera de sus países el acto de dejar propina está plenamente asumido, como así revelan los datos.
 
 1. Alemanes – 69%
 2. Estadounidenses – 57%
 3. Rusos – 53%
 4. Brasileños – 40%
 5. Franceses – 39%
 6. Británicos – 39%
 7. Españoles – 36%
 8. Belgas – 34%
 9. Holandeses – 32%
10. Italianos – 23%
 
Por lo que se desprende de las estadísticas, los más espléndidos son los alemanes seguidos por los americanos, mientras que los más tacaños resultaron ser los italianos a la hora de dejar propina. Los españoles por el mundo están por encima de la media mundial en cuanto a dejar propina.
 
Si al acudir a un restaurante no estimamos que nos hayan atendido adecuadamente o, pese al trato atento y correcto, no ha sido cordial no tenemos por qué dar ese suplemento al coste del servicio. La propina es un acto voluntario y, como tal, es la forma de agradecer el trato y la cordialidad del profesional que nos ha atendido.
 
Al ser un gesto de gratitud y cortesía no se debe confundir con la caridad y ofender con el importe, o con la manera de darla. Se debe depositar sin hacer alardes ni ostentaciones, sino discretamente.
 
Dejar la calderilla de monedas que nos pesa en la cartera como propina lejos de ser un acto de cortesía revela más una acción de pésima educación ante el profesional que los ha atendido, independientemente de cómo haya sido el servicio y el trato recibido.
 
La próxima vez que tengamos que dar o dejar una propina esperamos que seamos más conscientes y actuemos en consecuencia.
 
 

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