Patricia Perdomo "Volver a La Palma siempre es un placer aunque sea a través de sus vinos"

Patricia Perdomo "Volver a La Palma siempre es un placer aunque sea a través de sus vinos"

  • Sábado, 2 Mayo, 2020 - 08:00
  • gastronomia7islas.com
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La isla es dulce por sus almendrados, sus malvasías, su gente, su elegante carnaval. Aquí, en la isla Bonita el azul del cielo dormita, las estrellas bajan y parecen más cerca de ti. Miras arriba y te hacen soñar, parece que se iluminan las señales a seguir. Hoy nos vamos a tocar el cielo hablando con una bodeguera que si entregas el cariño a la tierra ella te corresponde con la calidad. Les invito pensar en un lugar donde las viñas crecen por encima de la humedad, maduran las uvas lentamente por encima de mar de nubes, más cerca del Sol. Aunque también son cepas que pasan mucho más frío en cuando llega el invierno.

Es la isla bonita por su intenso color verde que calma y el sonido del agua. En los largos paseos por el monte confirmas que estás en una tierra de los vinos de los volcanes. Me parece que el verde de las viñas presente en la orografía difícil es un símbolo de supervivencia.

El tiempo corre más despacito. Nadie corre ni adelanta a nadie, los palmeros todo lo hacen despacito. Aquí es donde se hacen los quesos más grandes del país, aquí todavía huele al pasar por la carretera a fuego de leña, se comparten en la mesa unas batatas, un rico escaldón y pellas de gofio, no hay enfados si el camarero tarda media hora en hacerte un café... el reloj no marca la hora.

Los palmeros viven con su estilo de vida, hallan a sí mismo y pueden escuchar los latidos de sus corazones. Qué Bonita es esa paz y tranquilidad sentida en sus arenas negras de volcanes apagados.

Las noches del cielo estrellado en La Palma merecen una vida. El cielo protegido sin la contaminación ilumina más, es donde  el Universo brilla y regala la posibilidad de jugar al ajedrez con las estrellas, donde puedes sentir el volcán y maresía con una copa de vino es inolvidable, es mágico. Me emocionan los vinos de esta isla y me gustaría contagiar ese amor por ellos. Es un refugio de pequeñas parcelas de cepas prefiloxéricas en pie franco, de los vinos que reflejan el territorio donde nacen.

Siento admiración por el esfuerzo de los viticultores, parecen verdaderos héroes convencidos de mantener grandes tesoros, no se cansan de embotellar las variedades de uvas únicas luchando contra el viento y marea. También hay que decir que los vinos palmeros tienen un gran reconocimiento dentro de la isla, un éxito de ventas en la misma isla lo confirma que es un pueblo que bebe su propia cultura, una isla que apuesta por sus vinos y tradiciones.

Para que conozcan mejor una pequeña bodega familiar, hoy tenemos a Bodegas Perdomo y sus vinos:

Piedra Jurada en Garafía. Les dejo una conversación con una de las responsables de la bodega. Ella es la joven bodeguera Patricia Perdomo Hernández con la mirada fija a sus viñas y las cosas muy claras. Los vinos se llaman Piedra Jurada porque enfrente de la bodega hay una piedra con un orificio donde el bisabuelo guardaba siempre una botella de vino fresquita. Les invito a descubrir sus respuestas ya que nos habla sobre el viñedo, su pasión que la mueve todo, sobre cómo mantenerse pequeño permite mantener el control sobre la calidad. ¡Hay que negarse a crecer!

¿De dónde sale esa pasión por embotellar, por la familia y el entorno?

La pasión es lo que te incita a perseverar en algo a pesar del miedo, tristeza o dolor. La mía nace de ver a mi familia luchar por un sueño, por algo chiquitito que había hecho realidad con mucho esfuerzo y sacrificio.

Recuerdo siempre aquel momento, en una vendimia en el que siendo pequeña desobedecí a mí padre, me castigó y me obligó a irme a casa, sin campo, sin vendimia, sin ese momento tan emocionante donde todo el mundo sudaba y reía a partes iguales. Desde que soy consciente, este ha sido el castigo más cruel que me han impuesto.

Aunque fue inevitable que en algún momento que en la adolescencia viera el campo como un gran sacrificio (que lo es) y quisiera “huir” también fue inevitable más pronto que tarde aflorara ese cariño que nos habían inculcado tanto a mi hermana Lucía como a mí por nuestra tierra y nuestra agricultura.

Al final, cuando elaboramos un vino, lo que mostramos es el trabajo de nuestra familia, pero no solo en este proyecto, también en la manera de educarnos, criarnos y querernos.

¿Dónde se encuentra la bodega ¿cómo es la gente y el entorno?

El lugar donde se encuentra la bodega que hoy nos sirve de lienzo, es un pintoresco barrio llamado las Tricias, famoso por sus senderos y dragos. A su vez, pertenecemos al Municipio de la Villa de Garafía al norte de la isla de La Palma.

Dentro del marco de la denominación de origen pertenece a la subzona norte, conocida por sus grandes Albillos Criollos y su singular vino de Tea.

En esta zona el vino junto al cereal y el queso era la base de la alimentación. Nuestros mayores, personas fuertes y trabajadores que proveyeron las despensas de la isla en tiempos de escases y penuria. Quizás por eso sus habitantes son gente amable, honrada y muy trabajadora.

Es un municipio extenso con 14 barrios y mucha viticultura. Esta, se ve marcada por el paisaje y su espectacular y abrupta vegetación. Zonas como Briesta (1200 m s.n.m) o Jerónimo entre otras, dejan boquiabierto a cualquier amante de la viticultura.

¿Los vinos son de las fincas propias o también compran la uva a otros viticultores?

Trabajamos nuestra propia finca y compramos uva a otros viticultores y viticultoras, siempre cumpliendo con requisitos para ello, por ejemplo, las buenas prácticas culturales en la vid, el cuidado de la materia prima en la vendimia y el control sanitario por parte de la bodega entre otros datos técnicos y con el objetivo de para conservar nuestra identidad, tenemos en cuenta: parcelas de la Comarca Norte siendo de los municipios de Garafía, Puntagorda y Tijarafe que estén a más de 1000 metros sobre el nivel del mar.

¿Cómo empezaste dedicarte al vino? ¿A la hora de elaborar sigues las recetas para los vinos que ya tienen el mercado hecho o te guías por la calidad de la uva?

Realmente cuando salí de casa para irme a estudiar, lo primero que hice fue meterme en una ingeniería, muy poco tiempo después, me di cuenta que mi corazón estaba en otro sitio. Así comencé el Grado Superior en Vitivinicultura en la IFPA de Tacoronte. Al cabo de un año mi padre dejó que elaborara mis primeros mil litros de Albillo Criollo Seco con el apoyo de mi hermana, mi madre y el suyo propio.

No me gustan las recetas. Viendo como viene la añada siempre me gusta hacer esquemas (revisar los de años anteriores porque siempre me dejo alguna nota, para recordarme que hay cosas por las que no debo dejar de dormir, por ejemplo), sobre todo cuando quiero intentar cosas nuevas. Pero la realidad, es que en el momento de la verdad las uvas y el mosto es quien marca los pasos.

Hoy conocemos mucho mejor las parcelas que en aquel primer Albillo de solo 1000 litros. Conozco sus secretos y las comprendo. Para mí, la receta es conocer el lugar, la variedad, las añadas, la personalidad de cada trozo de tierra.

¿Tienes planes de aumentar la producción de vuestra bodega?

No tenemos intención de ser una gran bodega de muchos litros, nos gustaría seguir sembrando nuestras propias parcelas y conservar lo que hemos logrado hasta ahora. Nos centramos en hacer vinos con amor y pasión, trasmitiendo en cada botella todo lo que somos, este es el centro de nuestro pequeño proyecto.

¿A qué sabe la Piedra Jurada? ¿Qué es importante para ti en un vino: la textura, la energía o el cuerpo?

Piedra Jurada sabe a nervio, dulzura y tesón. Piedra Jurada es de acidez y frescor. Para mí lo importante en un vino es que te haga sentir, que recuerdes que tomaste ese vino. Esa sensación sorpresa en la primera copa que se repite al primer sorbo, segundo, tercero… Incluso, cuando un vino te permite viajar a un lugar. Dentro de todo esto encontramos muchas cosas, nuestras barreras y deseos personales, la viticultura y la elaboración del vino, nuestros gustos…

Nuestros vinos tienen una acidez característica unida a nuestro paisaje, las variedades que llevan años aquí, nuestro suelo, nuestras pendientes, nuestro mar de nubes.
 
 
Patricia Perdomo "Volver a La Palma siempre es un placer aunque sea a través de sus vinos"
 
¿Se valora el vino canario? ¿Nos falta el orgullo local y apostar 100% por ellos?

Cada vez Canarias es más reconocida por todas las partes que componen su gastronomía. Nos falta creer más, pero son muchos nuestros consumidores hoy en día, y nos defienden a capa y espada. Comprenden el valor de nuestros vinos y los llevan por bandera allá donde van. Nuestro vino canario hoy viaja a cualquier parte del mundo para enseñar un cachito de nuestra tierra, y sea cuál sea su destino, triunfa.

¿Me puedes ayudar explicar a los lectores que el vino canario no es caro, por el todo esfuerzo titánico que lleva es más bien barato...?

El vino Canario, por su zona y forma de cultivo, sus variedades únicas en el mundo, la escases de producción y la identidad de nuestra tierra, no es caro, es barato. No tenemos un vino cualquiera, tiene carácter e identidad si la sabemos mantener. Somos un parque jurásico de variedades con unas características únicas entre tanta globalización de este sector.

¿De dónde saca una chica tan joven las fuerzas de trabajar de sol a sol por sus vinos y además participar en crear más cultura del vino con los cursos que impartes? ¿Crees que este es el camino para aumentar más el consumo de vinos con personalidad propia?

Simplemente, me gusta. Soy feliz con lo que hago, me gusta muchísimo estar en la viña, quizás más de lo que nunca imaginé. Ahora, con un poco más de tiempo que de costumbre, he decidido que quiero pasar aún más tiempo allí, en el lugar donde hay familia, amigos y paz.

Crear cultura del vino ha sido durante mucho tiempo una asignatura pendiente, hoy, existe una gama muy amplia de oferta formativa que dan conocimiento y aportan el valor que tanto se merece el vino. Ahora, las personas se preocupan por saber qué están bebiendo, de dónde viene y cómo descubrir más. Dentro del aula, me siento gratificada por todo lo que veo, escucho y pruebo en compañía, pues yo aprendo a los dos lados de la mesa.

Cuando hablamos y formamos sobre vinos, es importante ser objetivos, que sean las personas que te escuchan, capaces de formar su propia opinión con los datos y ejercicios que realizan, de esta manera, creo que no solo conseguimos aumentar los amantes del mundo del vino, sino también, consumidores con conciencia, capaces de identificar sus propios estímulos. Buscan personalidad, calidad, identidad… al final vinos únicos que les hagan sentir.

¿Crees que los viticultores cada día más sacan provecho a las técnicas ancestrales, creando ecosistemas con la filosofía de respeto al medio ambiente siguiendo el calendario lunar? ¿Qué opinas sobre el tema de que en el vino hay vida si en el suelo hay vida?

La recuperación de técnicas nos ha llevado a descubrir grandes conocimientos de nuestros antepasados y nos están regalando logros impensables con otras. Sí, de hecho pienso que un suelo en el que no haya vida, puede conseguirse cualquier vino menos uno con identidad.

Las dos sentimos demasiado amor por los vinos, resistiremos en el mundo del vino pero habrá que trazar nuevos caminos para luchar después de la pandemia. El futuro preocupa mucho por el tema de turismo y el paro. ¿Qué crees nos espera?

Aventurarme a hablar de un escenario post-pandemia es imposible. Tengo claro que vamos a resistir y que por supuesto, todo camino es correcto menos quedarnos de brazos cruzados esperando a que todo vuelva a la “normalidad”.

¿En las islas dónde se puede encontrar tus vinos a la venta?

Actualmente dentro de las islas podemos encontrar el vino solo en Tenerife y La Palma.

¿Con qué sueña Patricia Perdomo?

Sueño con una vida sencilla, elaborando, compartiendo con familia y amigos, rodeada de viña en total tranquilidad.

Para despedirse cuéntame algo inconfesable.

Algo que nunca le he contado a nadie, es que cuando pruebo una variedad intento pensar en una canción, como si el vino de mi copa se compaginara con ella y fueran capaces de bailar a la vez. Por ejemplo, el Albillo Criollo hace sonar en mi mente la Orchestral suite no. 2 in b minor de Bach.

 
Patricia Perdomo "Volver a La Palma siempre es un placer aunque sea a través de sus vinos"
 
Me gusta mucho de esta bodega Albillo Criollo, es extraordinario. Esta variedad nos es la misma que tienen plantada en La Península. Criollo es un cruce de listan blanco y verdello. Es algo que solamente tenemos en Canarias. Pero el vino tinto Piedra Jurada Vendimia Seleccionada 2017 me tiene enamorada. Refleja lo cierto que es cuidar la tierra, es el primer paso para elaborar grandes vinos. Los vinos maduran en barricas y envejecen en la botella. La maduración es un proceso complejo porque en el vino se producen multitud de transformaciones que están interrelacionadas pero quizás el cambio más importante es la modificación de la estructura de los taninos y las antocianinas. Los aromas de la uva desarrollan mayor complejidad y la intensidad de los taninos se reduce como resultado de su micro oxidación, nacen otros sabores complejos y deseadas texturas más suaves. Con el tiempo aparece la madurez suficiente para hacer temblar las papilas y sembrar el placer con su textura sedosa.
 
Para conseguir un vino se necesita cuidar la viña, apostar por bajos rendimientos y una gran concentración, el verdadero genio de un gran vino no vive en las barricas o toneles, el verdadero genio está en el campo y en elaborar con una simplicidad primitiva.

Piedra Jurada 2017 es atípico, un vino de añada complicada. Quizás por eso me gusta tanto porque siento debilidad por lo complicado, me gustan los retos.

Dos variedades con maceraciones largas y muchas ganas de Patricia por experimentar. Las uvas proceden de dos municipios distintos de la misma comarca: Baboso de Tijarafe en finca de Bellido y Vijariego de Garafía pero las dos variedades crecen en altura, a 1.150 metros sobre el nivel del mar con suelos de textura arcillosa y ph bajo, cerca del Sol en un suelo volcánico evolucionado rico en tierra fértil y sin capa de arena. El vino luce menos color que normalmente salen los Babosos pero es tan romántico. ¿A qué sabe el vino? Supongo que a todas aquellas cosas que te hacen cerrar los ojos, a esos besos íntimos, a esas caricias lentas, a esas palabras susurradas en aquellos desayunos placenteros de pan recién hecho, moras, violetas, a esas excitantes especias con sueños de volver, a esos “Te Quiero” con taninos suaves y una acidez amable. Sabe a la Palma, son pequeños sorbos de la magia de la más Bonita.

 

 

 

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