¿La crítica gastronómica tiene ética?

¿La crítica gastronómica tiene ética?

  • Domingo, 11 Noviembre, 2018 - 08:00
  • gastronomia7islas.com
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Cuando nos juntamos varios informadores especializados y comenzamos a hablar de nuestros problemas y batallas diarias, sin tener que medir las palabras, la conversación suele coger muchísima trascendencia. En cosas banales e intrascendentes hacemos castillos y en cosas importantes pasamos inadvertidos, pero en muchas ocasiones ha salido el tema de la ética profesional y, hoy, vamos a reflexionar sobre este aspecto en referencia a la gastronomía.
 
Este tema de la ética es un debate recurrente que siempre está sobre la mesa a la hora de realizar una crítica gastronómica. No es baladí, los resultados pueden ser bastante discrepantes y las posturas encontradas según en el lado de la mesa en la que uno se encuentre.
 
Aunque la crítica gastronómica es una actividad que trata de describir la experiencia de la visita del comensal a cualquier establecimiento de la restauración y, por lo tanto, es la percepción personal a la que hay que aplicar el método periodístico y científico para poder evitar que la subjetividad juegue una mala pasada a la hora de opinar, muchas veces nos encontramos ejemplos que flaco favor le hacen al sector pero que los propios interesados de los establecimientos parecen encantados aunque sea pan para hoy y hambre para mañana.
 
El acto en sí de alimentarse, aparte de ser un acto fisiológico del ser humano, es también una oportunidad para disfrutar de los alimentos y la comida, de los matices de las elaboraciones culinarias y de lo que nos evoca en nuestra percepción sensorial.
 
Cuando hablamos de percepciones tan subjetivas podríamos ser objetivos en esas sensaciones a la hora de trasmitirlas y plasmarlas en una crítica gastronómica. Esa es la cuestión que siempre debe centrar el debate en torno a este tema.
 
Da lo mismo el formato y soporte en el que se comunique: libro, revista, blog, web o periódico. La profesionalidad debe siempre primar, además de la veracidad y el respeto por el lector. La subjetividad debe estar encausada en todo momento por una ética en el periodismo gastronómico.
 
Quien escribe se debe a sus lectores y hay que tener la valentía de contar la realidad de la experiencia vivida, el entorno, el producto, etc. El respeto y la ética, cuando están, pasan desapercibidas pero, si faltan, se nota y ya se pierde el norte.
 
No nos podemos dejar sugestionar por invitaciones, que comprometen la imparcialidad y el criterio. Es la ética y profesionalidad de cada persona la que pone coto y diferencia la crítica gastronómica de la promoción de un local, ya que esto último es publicidad. No debemos dejarnos influenciar y caer en el error de ser influenciables y subjetivos para otros intereses que nada tienen que ver con la veracidad y la credibilidad.
 

Nos resulta asombroso que, en estos tiempos en los que la comunicación es fundamental y las técnicas de marketing y comunicación han evolucionado tanto, todavía existan este tipo de distorsiones de la realidad y que no se apliquen estos simples criterios de sentido común para lograr el respeto del sector y de los lectores.
 
Se debe utilizar toda la creatividad de la palabra para formar un relato que haga que los lectores puedan hacerse una composición de lugar con una imagen precisa y coherente que transmita la esencia del momento, el relato de los acontecimientos y la naturaleza de los mismos.
 
Nos queda todavía mucho por recorrer hasta que los lectores capten esas técnicas para poder tener el criterio de diferenciar lo bueno, honesto, riguroso y veraz ante las técnicas de venta publicitarias baratas, llenas de adornos y alabanzas vacías de algunos comunicadores con pluma excelente pero primorosa codicia.
 
 

 

 

 

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